Distributiva

Uno de los grandes problemas del diseño social actual es la concentración de una gran cantidad de poder económico en manos de unos pocos.  Esto no es una cuestión subjetiva ni un juicio de valor o de justicia. El trabajo de los autores  Richard Wilkinson y Kate Pickett  muestra una regularidad contundente: en los países donde existen grandes diferencias entre ricos y pobres suelen darse una serie de efectos negativos (se disparan las tasas de violencia, de embarazos de jóvenes no deseados, de población carcelaria; los resultados escolares y el sistema de sanidad empeoran, etc).

Simulando Mercados Artificiales

La desigualdad económica es un subproducto del mecanismo de asignación y distribución de recursos que empleamos los humanos: nada más y nada menos que el mercado.  Los mercados son entornos más o menos auto-organizados/regulados donde los diferentes agentes (consumidores y productores, caracterizados por sus preferencias y/o disposiciones a adquirir/vender) se encuentran para intercambiar bienes y servicios. La herramienta analítica para estudiar la dinámica del mercado que utilizamos son los modelos de agentes heterogéneos, que nos van a permitir simular la interacción microeconómica de una cantidad masiva de agentes.

En modelos sencillos, como el que presentamos, que reproduce el modelo propuesto por Dragulescu y Yakovenko (2000) [1], cada agente representa un individuo o unidad familiar. La idea clave es que, de la interacción aleatoria de todos ellos entre sí, emerge un comportamiento agregado. Es así como estos modelos pueden establecer el enlace entre la microeconomía y la macroeconomía, de forma similar a como la física estadística del comportamiento de las partículas enlaza con las leyes termodinámicas elementales. El modelo simula intercambios aleatorios sucesivos entre agentes económicos (50.000 en nuestro caso) mediante métodos de Montecarlo. Para esta aproximación no hemos considerado la existencia de deuda acotando el mínimo de riqueza posible en 0 unidades.  Partimos de los siguientes supuestos:

1) la naturaleza de los intercambios es aleatoria

2) el sistema es cerrado y

3) estacionario.

Dado que podemos evaluar periódicamente la riqueza de cada uno de los agentes, el modelo permite simular la evolución de la distribución de la riqueza partiendo de unas condiciones iniciales prefijadas. Para medir la variación en la distribución de la riqueza del sistema usaremos el coeficiente de Gini que es un medidor estándar para cuantificar las desigualdades económicas.  Esta animación consta de dos partes, el gráfico superior muestra la evolución de la distribución de riqueza de los agentes y el gráfico inferior la evolución del índice de Gini que tal y como se ve, alcanza el equilibrio al cabo de un número determinado de intercambios.

Animación completa de libre intercambio:

Se ha realizado la misma simulación pero partiendo de unas condiciones iniciales opuestas, es decir desde un gini = 1, máxima desigualdad. La región de equilibrio alcanzada es coincidente demostrando que, efectivamente esa es la región de máxima entropía.

La función resultante, que podemos ver en la figura a continuación es la de una exponencial que arroja  típicamente unos niveles de Gini de entre 0,50 y 0,55. Si comparamos con los niveles de desigualdad de las economías reales vemos que dichos niveles se alcanzan sobretodo en países pobres. Los países considerados ricos tienen Ginis algo más bajos que van desde los 0,45 de USA hasta los 0,25 de Suecia y Dinamarca [2]. Nosotros andamos más cercanos a EEUU, entorno al 0,35 y subiendo [3].

GINI_Simul

Queda claro que el nivel de equilibrio del sistema es un nivel de desigualdad bastante elevado donde pocos agentes han llegado a concentrar una gran proporción de riqueza. Equivalente al de Brasil o Bolivia, por ejemplo. Llegados a estos niveles es impensable que la estructura social pueda mantenerse sin algún tipo de estado. De hecho, junto con otros fallos de mercado como son las externalidades o los bienes públicos, la concentración de poder económico o desigualdad es un fallo inherente al mismo ampliamente reconocido por la literatura que viene a justificar la intervención del Estado en economía. 

La distribución de riqueza en el mundo real

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