El fin del crecimiento

(EN CONSTRUCCIÓN)

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En la historia de la evolución, en contra de lo que muchos piensan, no marchamos irremediablemente hacia algo más grande y mejor. De hecho pensar que nosotros, por el hecho de ser criaturas complejas tenemos mayores probabilidades de éxito que una bacteria, no es convincente y no garantiza nuestro éxito a largo plazo.  Nada más lejos de la realidad, enfrentamos un momento crítico que todavía no sabemos resolver y que amenaza con mermar la especie humana: el cuello de botella ecológico que provoca el exceso o superpoblación de humanos con respecto los recursos y su  consiguiente devastador efecto ambiental y social. El ritmo al que se duplica una población depende de su tasa de crecimiento tal y como puede verse en la Tabla 1.

Tabla 1: Duplicación de las poblaciones en función de su velocidad de crecimiento

Tabla1

Una población que crece al 1% tarda entre 69 y 72 años en duplicarse. Si crece al 2% sólo tarda 36. El ritmo actual de crecimiento de la población mundial es de aproximadamente 1.2% por lo que para 2060  habremos duplicado nuestra población. Concretamente, según los pronósticos más suaves de la ONU se espera que para el año 2050 la población haya superado los 9000 millones de habitantes. La combinación de un aumento de población y del consumo por persona está eliminando el capital natural del mundo amenazando con alterar la frágil relación entre los sistemas orgánico e inorgánico de nuestro planeta. Más aún, no parece que estemos consiguiendo balancear el agotamiento de los recursos no renovables con los desarrollos tecnológicos de la esfera humana.

Producción económica, crecimiento poblacional y energía 

La cuestión que surge inmediatamente es: ¿Es posible seguir en la dinámica del crecimiento continuado que hemos vivido en los últimos siglos? O por el contrario, ¿Vamos a chocarnos con los límites naturales y decrecer forzosamente? ¿De que tipo de transición estaríamos hablando? ¿Vamos hacia un colapso productivo? Las respuestas a estas cuestiones definirán la economía del siglo XXI. Las implicaciones sociales son tremendas: no es lo mismo vivir en una sociedad con perspectivas de prosperidad material creciente que en el sombrío escenario de  una sociedad que se enfrenta al hambre y al conflicto distributivo, guerras por los recursos, etc. Además, es importante recordar que la situación no está bajo control, ya que los sistemas biológicos no están en un estado de equilibrio, ni siquiera estacionario, sino que típicamente fluctúan en un cierto rango para una serie de variables y que un pequeño cambio en las fuerzas que controlan el sistema podrían dar lugar a una transición crítica.

Para comenzar a analizar la cuestión de la producción, es importante tener en cuenta que ésta, depende esencialmente de la población y la tecnología energética de la sociedad en cuestión.  Tal y como muestra la tabla a continuación es que las variables población, energía y producción ha tendido a moverse a largo plazo (durante los últimos 9000 años) al únisono, mostrando una relación de equilibrio que no podemos obviar.

Tabla 1

Históricamente, las poblaciones humanas se han desarrollado gracias a la capacidad de gestionar la energía. La cuestión de la disponibilidad de energía externa en abundancia y la tecnología para utilizarla, es clave para comprender cómo en el transcurso de la historia, el proceso de producción ha podido ir desplazando la frontera de posibilidades permitiendo los saltos en complejidad socioeconómica que hemos ido dando. Aunque los economistas de la “mainstream” algo de atención si que prestan al efecto de  los precios del petróleo y de la energía en la actividad económica de corto plazo, en general, la teoría económica dominante ha ignorado totalmente el rol de la energía u otros recursos naturales en el crecimiento económico. Por el contrario, los científicos de las ciencias naturales y economistas ecológicos, si que han puesto énfasis en el rol de la energía y su disponibilidad en el proceso de producción (ver Hall et al., 2001, 2003). Los hay que incluso consideran que en lugar de la producción del desarrollo de una sociedad y que en su lugar habría únicamente que utilizar la energía (ver Kardashev, 1964).

Para comprender que subyace a esta relación de equilibrio de largo plazo hay que acudir a la termodinámica.

La primera ley de la termodinámica (el principio de conservación) implica el principio del balance (Ayres y Kneese, 1969). Para obtener un material dado, cantidades iguales o mayores de materia tienen que utilizarse como inputs  junto con un residuo. Por tanto, existen requerimientos materiales mínimos de entrada para la producción de cualquier objeto material.

La segunda ley de la termodinámica (la ley de la eficiencia) implica que hay una cantidad mínima de energía necesaria para llevar a cabo cualquier tipo de transformación de la materia. Toda producción involucra la transformación o el movimiento de materia de algún modo u otro. Algunas formas de materia tienen que moverse o transformarse a través de elementos concretos o químicos. Por tanto, existen límites a la sustitución de factores de producción por energía.

Así pues, todo proceso económico requerirá energía, de forma que la energía es un factor esencial para explicar la producción. Las investigaciones sobre la cuestión de la causalidad o no de la energía en el crecimiento ya han sido abordadas por Stern (2005) a través de tests de causalidad estadística de Granger obteniendo resultados positivos. Además, la evidencia empírica de los modelos económicos de producción que incluyen la energía como factor junto con el capital y el trabajo, ajustan bastante mejor los datos que los que se estudian en la mainstream ver (Henry Thompson, 2011 [http://www.auburn.edu/~thomph1/physical.pdf]; Vladimir [http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S037843711100522X?np=y].

En la historia del pensamiento económico encontramos que el primero en tratar el tema del exceso de población fue Malthus en su obra: “An essay on the principle of population” [http://en.wikipedia.org/wiki/An_Essay_on_the_Principle_of_Population] Fue de los primeros en darse cuenta del potencial descriptivo de las matemáticas exponenciales a la hora de predecir el crecimiento poblacional. En 1798, determinó que mientras la población humana tendía a crecer en progresión geométrica, los bienes de subsistencia sólo podían crecer en progresión aritmética. De manera que, si no se frenaba el crecimiento poblacional, llegaría el momento en el que no existirían recursos suficientes para alimentar a los seres humanos.  Pero seguimos aquí. ¿Por qué se equivocó Malthus? Lo que el reverendo no pudo anticipar fue el efecto de dos innovaciones sociales que nos permitirían seguir evolucionando el sistema económico y satisfacer las crecientes necesidades materiales.

En la historia de la demografía reciente ha habido dos cambios de pendiente destacables que han desafiado las predicciones de Malthus. Estos cambios se dan en 1800 y en 1950 y han provocado que en un periodo de tiempo muy corto la población se haya multiplicado por 7, pasando de no más de 1000 millones a comienzos de siglo XIX a los más de 7000 millones de humanos de la actualidad.

Las dos claves para escapar a la trampa Malthusiana fueron:

a) la utilización de los combustibles fósiles, que entrarían en escena a comienzos del siglo XIX (justo después de su libro) y

b) el crecimiento de la deuda después de la 2da Guerra Mundial, que rápidamente permitió distribuir las nuevas tecnologías (automóviles, televisores, etc) a la población.

Sin los combustibles fósiles, los materiales que hacían falta para la mayoría de tecnologías subsiguientes (metales, plásticos, etc) no habrían estado disponibles.

Sin deuda y un sistema de crédito funcional, la gente no habría tenido capacidad adquisitiva de los nuevos productos que las empresas comenzaban a producir (recordemos que después de la destrucción de la 2da Guerra Mundial la población era muy pobre).

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