El gobierno representativo

Lo que los ciudadanos normales suelen desconocer es que “los sistemas de gobierno representativos nacieron en oposición a la democracia”. Es fundamental explicar la falsedad clave, ampliamente expandida y que ha colonizado el imaginario colectivo que resumidamente viene a decir: “los sistemas de gobierno representativos son democracia”. Esto es urgente desmontarlo.

El régimen de “gobierno representativo” actual, es presentado por la pedantocracia universitaria y los “mass-mierda” como democrático y como la forma más efectiva y  funcional de gobierno del pueblo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, la locución frecuentemente utilizada para designar este modelo, “democracia parlamentaria”, tiene una contradicción interna que la anula como formulación con lógica y sentido. Si quien gobierna es el parlamento formado por representantes electos, no lo hace el pueblo. Esto es importantísimo recordarlo.

Los sistemas representativos aspiran a reproducir en una cámara las distintas visiones e ideologías. Las características que definen a todo gobierno representativo son cuatro:

1- Los gobernantes son elegidos por los gobernados a intervalos regulares (sufragio).

2- Los gobernantes conservan, en sus iniciativas un margen de independencia en relación a los gobernados (consentimiento de los gobernados).

3-Una opinión pública sobre los temas políticos puede expresarse fuera del control de los gobernantes (libertades civiles de expresión, etc).

4-La decisión colectiva es tomada por los gobernantes al término de la discusión (negociación).

Uno de los puntos clave de los sistemas representativos es el punto 2. El consentimiento de los gobernados conlleva que no haya límites para el poder de los gobernantes durante su mandato. ¿Acaso cree alguien que la reforma del art.135 de la constitución que priorizó el pago de la deuda ante cualquier otra partida hubiera sido refrendada por el pueblo en un referéndum vinculante? ¿Y si es así porque no convocaron un referéndum vinculante?

Aristóteles y los pensadores clásicos que le siguieron separaron cuantitativamente las formas de gobierno en tres grupos: autocracias (de uno), oligarquías (de unos pocos) y democracias (de muchos). También establecieron  un criterio cualitativo, según el cual las formas puras defendían el bien común y las formas degeneradas el interés propio.

Tal y como puede observarse en la Figura 1, que combina tanto los criterio cuantitativos como los cualitativos, vemos que nuestro gobierno representativo es una aristocracia degenerada en oligarquía. Por dos motivos, los que gobiernan son pocos en relación a la población y evidentemente ni son los mejores ni  han gobernando para el interés general sino para un interés personal o corporativista.

Sistemas Puros

 Pero más allá de este absurdo lógico y lingüístico instalado en la base de nuestro imaginario, hay que recalcar que la perversidad lingüística de conceptuar como democracia al gobierno representativo es relativamente reciente. Bernard Manin en su libro “Los Principios del Gobierno Representativo” expone que lo que hoy denominamos democracia representativa, y que tiene sus orígenes en un sistema de instituciones establecidas tras las revoluciones liberales (inglesa, norteamericana y francesa) de finales de siglo XVIII, en sus inicios, no se consideraba forma de democracia, sino su estrictamente opuesto.

Este salto conceptual y lingüístico es claramente observable en dos elementos:

i) en las definiciones del tipo de gobierno y contenidos que aparecen en las constituciones de finales de siglo XVIII y comienzos del XIX como en

ii) las argumentaciones que utilizaron los padres fundadores de estos esquemas constitucionales en contra de la utilización de sistemas democráticos.

Por ejemplo, en la “Declaración de Independencia” de los Estados Unidos de 1776, se habla de “gobierno legítimo” por recibir “sus justos poderes del consentimiento de los gobernados”, de manera que no se pretende un gobierno democrático, sino uno representativo que reclama “la libertad” y “el bienestar general” y no la democracia como categorías legitimantes. La Constitución de la Monarquía Española de 1812, por su parte evita también referencias demagógicas a la democracia limitándose a sostener, en su art27, que los diputados agrupados en las cortes “representan a la Nación, nombrados por los ciudadanos”. Este texto no advierte que el nombramiento de los diputados debiera ser libre. Estos textos político normativos, al diferenciar explícitamente entre gobernantes y gobernados, se sitúan fuera del ámbito de la democracia.

Por otro lado, la revisión de las ideas de los padres fundadores de los gobiernos representativos evidencia que éstos nunca consideraron que el modelo que querían aplicar fuese democrático.  Centraremos la atención en Madison y Siéyes, importantes figuras e intelectuales que participaron en los EEUU y en Francia respectivamente.

Madison distinguía entre la democracia de las ciudades-estado de la Antigüedad, en las que “un reducido número de ciudadanos […] se reúnen y administran el gobierno en persona” con la república moderna basada en la representación. No considera la representación como una aproximación al gobierno directo del pueblo necesaria por la imposibilidad física de reunir a los ciudadanos de los grandes estados en asamblea. Al contrario, la veía como un sistema político esencialmente diferente y superior que “refina y amplia las visiones públicas por medio de un órgano elegido de ciudadanos cuya sabiduría puede discernir mejor los verdaderos intereses de su país”.

Siéyès, por su parte, recalca la enorme diferencia entre democracia, en la que son los propios ciudadanos quienes hacen las leyes y el sistema representativo de gobierno, en el que confían el ejercicio del poder a representantes electos. La superioridad del sistema representativo para Siéyès, no radicaba en el hecho de que las decisiones del órgano electo sean mejores, sino en que constituiría una forma de gobierno más apropiada para las condiciones de las sociedades comerciales modernas, en las que los individuos se ocupan ante todo de la producción y el intercambio económico.

Así, para estos ideólogos la representación es la consecuencia lógica de la división del trabajo y especialización al ámbito político. El despotismo Por tanto, el concepto de gobierno representativo que en origen estaba en oposición a la democracia, y que derivaría en la errónea locución actual, “democracia representativa”, se explicaba y justificaba por el hecho de que i) los ciudadanos no tenían el suficiente tiempo para dedicarse a los asuntos públicos y ii) que no tenían la capacidad intelectual suficiente para deliberar sobre los complejos asuntos públicos.

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9 respuestas a El gobierno representativo

  1. Abe dijo:

    Estaba buscando una definición de “régimen representativo” y me he encontrado con tu blog. Resulta interesante todo tu razonamiento, sin embargo, la nueva información que rebota por mis neuronas en este momento no me será útil para ningún examen. Otro día con más tiempo me dejaré caer de nuevo por aquí. Resulta muy gratificante encontrar mentes escépticas en estos días.
    Un saludo. Creo que has hecho un buen trabajo.

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  8. IsillaLM dijo:

    justamente vengo flipada de un vídeo en youtube, así que me vas a dar más material para centrarme en esta teoría que desconocía pero que me ha explicado sencillamente el porqué de mi malestar con la forma de gobierno que tenemos. 🙂

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