Ley electoral

Los sistemas electorales se dividen en dos grandes grupos, los sistemas mayoritarios y los sistemas proporcionales. Los mayoritarios asignan los escaños por circunscripciones pequeñas en las que los ganadores se lo llevan todo. Los proporcionales, en cambio, tratan de asignar los escaños en proporción a los votos recibidos por lo que usan circunscripciones mayores. En España existen dos corrientes contrapuestas que abogan por reformar el sistema en uno u otro sentido. Discutiremos eso más adelante.

Cuando hablamos de reformar el sistema electoral como solución a la falta de democracia hay que tener en cuenta varios errores comunes. En primer lugar que tanto los votantes como los partidos son endógenos al sistema que se aplique, lo que significa que se comportarán de forma distinta según el sistema y que los partidos y las oligarquías que los sustentan siempre se adaptarán para mantener el control de las instituciones. Es algo inevitable.

Pareciera que no hay solución posible, pero en modo alguno abogamos por no reformar la actual ley electoral diseñada para favorecer descaradamente al bipartidismo. Lo que decimos es que este no es el cambio relevante que va a permitir empoderar al pueblo, que centrarse en eso es perderse en lo secundario, en lo accesorio. Se sabe que cada país tiene una ley electoral distinta y ninguno ha encontrado la norma ideal porque sencillamente esta no existe. No hay manera de trasladar la voluntad popular en un parlamento electo de forma precisa porque no hay sistema de agregación de preferencias que no tenga defectos. Eso está demostrado matemáticamente mediante teoremas como el de la imposibilidad de Arrow.

Debemos pensar en que los parlamentos electos sean más un complemento, un mal quizá todavía necesario pero al que debemos poner límites y controlar en extremo. El voto no debe ser otorgar confianza ciega, o un cheque en blanco, no. El voto solo debe ser otorgar ciertas prerrogativas bajo unas condiciones muy controladas y que puedan ser retiradas en cualquier momento si el pueblo así lo estimara oportuno. Lo más importante no es tanto la manera en que los candidatos son elegidos sino en si tenemos mecanismos o no para que obedezcan a la voluntad popular y eso pasa por armarnos con innovaciones institucionales democráticas recuperando el ideal de participación directa en la toma de decisiones.

Para ver una crítica más extensa a la elección ver: el problema es la elección

Algunos enlaces:

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