Sistemas mayoritarios, no gracias

Cuando se clama por una reforma del sistema electoral se suele hacer desde dos enfoques muy distintos y, desde nuestro punto de vista, diametralmente incompatibles. Uno es la búsqueda de la proporcionalidad y de que todos los votos cuenten igual y otro es el de la búsqueda de una relación más directa entre candidato y elector. La búsqueda de esa mayor conexión entre ciudadanos y políticos ha traído también a la discusión política la idea de las listas abiertas. Sin embargo, la fuerza de los hechos indica que esa supuesta mayor conexión es en realidad un espejismo democrático, como lo es todo el sistema de gobierno representativo. (Véase: el problema es la elección)

Los supuestos beneficios de las listas abiertas y de los sistemas mayoritarios son, sin embargo, totalmente infundados. Un primer indicio lo tenemos en el hecho de que ya existen numerosos sistemas mayoritarios en el mundo y estos padecen idénticos problemas que los sistemas electorales no tan mayoritarios. La consecuencia siempre es la misma, el poder económico logra hacerse con el control del sistema corrompiendo a sus representantes de una manera u otra. El resultado es inevitable. Se dice que en los sistemas mayoritarios el partidismo es más débil. Es posible, pero en contrapartida, tenemos un personalismo más fuerte. Puede que, después de todo, tratando de arreglar los problemas de nuestro sistema electoral, resulte que los empeoremos aún más. A veces se nos olvida que nuestro inservible Senado ya se elige mediante un sistema mayoritario de listas abiertas y que su configuración es mucho menos proporcional además de que casi nadie hace uso de la libertad añadida de las listas abiertas. Y es que, la maquinaria de propaganda de los partidos es capaz de superar cualquier ley electoral que le pongamos delante.

Control sobre los elegidos (más mito que realidad)

Uno de los mitos es que la elección directa de los diputados mediante sistemas mayoritarios permite un mayor control de los elegidos por parte de los electores. Pero la idea teórica nuevamente choca con los hechos. No solo es algo que no ocurre, es que, por principio, la elección no es ni será nunca un sistema de control sobre los cargos políticos. Véase sino lo poco que sirve para controlar a los partidos a quienes sí votamos directamente en el sistema español. La elección es eso, un mecanismo de elección pero no de control, punto. Controlar es poder revocar, poder vetar, poder aprobar medidas sin necesidad de depender de los electos, es asignarles sus sueldos, obligarles a rendir cuentas. Eso es controlar.

Disciplina de voto y partitocracia (la consecuencia inevitable)

Otra de las virtudes que se suele otorgar a los sistemas mayoritarios es que los parlamentarios tienen más libertad y son más independientes dado que, en teoría, responden directamente ante su electorado y no ante el partido. En los sistemas proporcionales, en contraste, impera una férrea disciplina de voto y fidelidad al partido. Ahora bien, en un sistema de naturaleza proporcional votamos partidos no personas, por tanto, los problemas surgen cuando un parlamentario decide actuar de forma independiente al partido, es lo que conocemos como transfuguismo. En un sistema proporcional es entendido como algo negativo, y de hecho muchas veces lo es.

¿Y en los sistemas mayoritarios? ¿Realmente son tan libres los diputados? La realidad es que no y que en las medidas más importantes acaban siempre adoptando las líneas de su partido. Su independencia es solo superficial pero no real y los motivos son muy simples. A pesar de que se vote explícitamente a la persona el elector siente que vota al partido con lo que para un diputado, irse del partido puede equivaler a perder la reelección. Encima, los parlamentos habitualmente tienen de 200 a 500 miembros, son cámaras grandes con mucha gente. En grupos numerosos la tendencia a formar bloques es inevitable, además de que es lo más eficiente para dirimir discusiones. Imaginen una discusión uno contra uno de todas las combinaciones de pares de diputados posibles en una cámara de cientos de personas, ¿una locura verdad? No se acabaría nunca. Esto no sería tan grave si los bloques variaran en cada tema de discusión pero como hemos dicho más arriba, gracias al mecanismo de la elección están incentivados a mantenerse unidos siempre en los mismos grupos.

Así, para cualquier candidato acaba siempre siendo más rentable pertenecer a uno de los partidos grandes (habitualmente dos) ya que sus estructuras le permiten maximizar las probabilidades de salir elegido y reelegido. Recordemos que para ser elegido hacen falta recursos, y eso los partidos lo tienen. Como vemos, hay un incentivo natural en someterse a la disciplina de partido. Y así se da que los diputados independientes, no adscritos a ninguna de las dos fuerzas mayoritarias, son marginales y apenas influyen nada más que en dar una nota de color en las sesiones parlamentarias. El sistema tiende a favorecer el bipartidismo y expulsa a todo el que no se adhiera a una de las dos corrientes dominantes que como compiten por el mismo espacio electoral acaban siendo prácticamente iguales. Como se ve, los sistemas mayoritarios pueden acabar siendo tanto o más partitocráticos que los proporcionales. En Ley electoral en España explicaremos como, de hecho, nuestro sistema electoral se podría considerar cuasi-mayoritario.

Personalismos

Los sistemas mayoritarios tiene un efecto perverso contrapuesto al partidismo, el personalismo. Esto es que, dado que se votan nombres, hay un incentivo a que estos sean conocidos. Esto lo puede hacer un partido fuerte mediante simples campañas de promoción pero también puede usar personas ya previamente conocida, esto es futbolistas, actores, cantantes. Esto ocurre en muchos países que tienen sistemas así y este tipo de candidatos debido a su bajo perfil político suelen ser diputados títere. Prestan su nombre al partido para votar disciplinadamente lo que este ordene. Luego hay otro grupo que es el de los candidatos adinerados que por tener mucho dinero pueden darse a conocer. Fama y fortuna son características que no parecen ser lo que uno espera que deban tener nuestras señorías los diputados.

Circunscripciones y cercanía diputado-elector

Es conocida la afirmación de que los sistemas mayoritarios ofrecen una mayor cercanía entre gobernantes y gobernados. Bien, ahora dejemos la teoría y ciñámonos a los hechos y a los datos. Hay dos grandes tipos de sistemas mayoritarios, a saber:

  • Uninominales: las circunscripciones eligen a un solo representante cada una.

Estos sistemas son los que tienen las circunscripciones más pequeñas y, sobre el papel, son los que más cercanía diputado-elector ofrecen. Ahora hagamos un cálculo simple. Sobre 350 diputados y 35 millones de electores en España, vemos que si los diputados se eligiesen por circunscripciones uninominales, cada diputado representaría a 100.000 personas. Ya vemos que ni así conseguimos una cercanía apreciable, de circunscripciones mayores ya ni hablamos. Los sistemas uninominales tienen, en contrapartida a esa relativa cercanía que no es tal, un coste enorme y es que fomentan muchísimo el bipartidismo, que es uno de los principales males de nuestro sistema vigente.

  • Plurinominales: las circunscripciones eligen a varios representantes cada una.

En este caso las circunscripciones ya son más grandes y pueden tener tamaños distintos eligiendo un número de escaños en proporción a su población o no. En el caso español el voto vale más en las provincias menos pobladas. Un sistema así debe definir varias cosas, el tamaño de la circunscripción y el número de escaños que otorga cada una. Luego igual de importante es definir el número de votos por persona. El diseño de las circunscripciones puede coincidir o no con demarcaciones regionales.

Aproximaciones mixtas proporcional – mayoritario (intentando lo imposible)

Hay sistemas que buscan casar proporcionalidad con conexión directa electores diputados. Ya hemos dicho que esa conexión es un mito por lo que la misión es en realidad un imposible. Hay dos enfoques para abordar ese problema.

  • Sistemas mixtos de doble cupo (tipo alemán)

En estos sistemas se trata de elegir a un porcentaje de los diputados mediante elección directa por sistema mayoritario y a otro porcentaje salido de listas de partidos. El segundo cupo, llamado cupo proporcional corrige las distorsiones producidas por el cupo mayoritario.

  • Voto personal transferible (modelo irlandés)

En este sistema el votante vota por orden de preferencia en una circunscripción plurinominal. El conteo de este sistema es complicado y alarga mucho el recuento pero dentro de los sistemas plurinominales puros da un resultado bastante proporcional.

  • Sistemas plurinominales proporcionales de voto ponderado

En estos sistemas se trata de favorecer la proporcionalidad haciendo circunscripciones con un número relativamente elevado de escaños. Esto hace que esa conexión ciudadano-representante aun se debilite más. Si ya es cuestionable en circunscripciones de 100.000 habitantes imaginen en las de un millón de habitantes. En este tipo de sistemas hay un factor a tener en cuenta y es el de la relación entre el número de votos por persona y el número de escaños designados por circunscripción. Si ambos valores son similares o iguales como ocurre en España en las elecciones del senado (se votan 3 se eligen 4) entonces el sistema sobreponderará los más votados. Si por el contrario los valores están muy alejados entonces ocurrirá lo contrario y se sobreponderará a los menos votados.

Dado que es casi imposible lograr la proporcionalidad mediante un sistema mayoritario algunas propuestas de mixtura incorporan la idea del voto ponderado. Consiste en que el valor del voto de cada diputado es variable y depende del porcentaje de votos recibidos respecto al total. En ese caso el peligro sería que se acumule demasiado poder en unas pocas personas.

  • Sistema uninominal probabilístico (lottery voting)

Si la anterior era la versión exótica del sistema plurinominal, esta lo és del uninominal. En este caso los votos se cuentan como puntos que ponderan en un sorteo que se realiza entre todos los candidatos al distrito. Esto significa que si un candidato ha sacado el 40% de los votos tiene el 40% de probabilidades de salir escogido por dicho distrito. En este sistema, tener mayoría en el distrito no garantiza la victoria, especialmente si esa mayoría es ajustada. Lo que este sistema permite es combinar un sistema uninominal con una elevada proporcionalidad y con la presencia de minorías en el parlamento. El motivo es que en promedio si ha habido un 40% de votos del partido A habrá un 40% de diputados de dicho partido. Dado que se basa en métodos probabilísticos y estadísticos el nivel de proporcionalidad aumenta conforme se aumenta el tamaño de la cámara. Así, el riesgo de distorsiones en una cámara de 100 diputados és mucho mayor que en una de 300.

Exceso de parámetros, arbitrariedad y manipulación

Si por algo se caracterizan los sistemas mayoritarios basados en listas abiertas es por ser muy susceptibles a la manipulación electoral en beneficio de las oligarquías de turno. El mismo modelo electoral español en la II República tuvo numerosos problemas a causa de su complejo sistema electoral. El problema de los sistemas mayoritarios es que suelen ser más complejos al requerir un mayor número de parámetros para ajustarse. Se puede dar al ganador por mayoría simple, por doble vuelta o mediante un sistema de voto preferencial. Se han de diseñar arbitrariamente los distritos electorales con el consiguiente riesgo de que favorezcan a uno u otro partido. Si son uninominales el sistema carecerá de toda proporcionalidad y la mayoría de los votos se perderán favoreciendo un bipartidismo aún más feroz. Si son plurinominales la proporcionalidad puede que mejore algo pero dependiendo siempre de dos parámetros más, cuantos diputados se eligen y cuantos diputados se pueden votar. En definitiva, un lío.

Nunca hay que subestimar a la oligarquía porqué esta siempre intentará adecuar el sistema a su favor (véanse si no las mafias de Cambó en la II República). Por eso mismo, cuanto más simple, más transparente y comprensible sea nuestro sistema electoral menos manipulable será. En caso contrarío se daría ventaja a aquellos que dispongan de muchos recursos y de un electorado muy disciplinado y acrítico. ¿Es eso lo que queremos?

En ese sentido los sistemas con proporcionalidad pura y circunscripción única responden a ese criterio de máxima simplicidad con el que dificultar al máximo toda manipulación estratégica. Para conocer nuestra propuesta ver: Ley electoral en la propuesta D.100%

Enlaces útiles:

Volver a: Ley electoral

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3 respuestas a Sistemas mayoritarios, no gracias

  1. guiako dijo:

    Estoy en total desacuerdo con las conclusiones de este articulo, llega a conclusiones erróneas por simplificar tanto al hablar de cada sistema electoral.

    El único sistema que puede llevar a una democracia con representantes y separación de poderes es el sistema mayoritario uninominal, distritos de entre 80mil y 120mil habitantes, el representante elegido a dos vueltas para forzar la mayoría absoluta, bajo el mandato imperativo del elector y el programa con el que se presentó, pudiendo ser echado por la oficina del distrito si incumple el programa con el que se presentó o es procesado por corrupción, etc. La oficina de cada distrito es independiente, el distrito es el que paga al diputado (no el Estado) y si un distrito se queda sin representante a mitad de legislatura, por muerte del representante o por haber sido revocado, se convocará una nueva elección para sustituirlo (su mandato acabará cuando termine la legislatura). Nunca podrá coincidir una elección a cámara de representantes con unas presidenciales (obviamente no existiría banco azul en el parlamento) y esas elecciones deberían estar separadas por un mínimo de 6 meses y con distinta duración de cada mandato, por ejemplo: 4 años para el ejecutivo y 6 años para el legislativo. Los partidos no podrán ser financiados por el Estado y habrá una regulación para las campañas electorales para limitarlas en el tiempo, gasto y para que no se produzcan injusticias debido a por ejemplo el apoyo de un medio privado a un candidato al cederle mas espacio en sus medios .Ya tienes representantes de distrito y separación de poderes, no hablo del judicial porque ya sería extenderse demasiado, pero resumiendo, con presupuesto propio, policía propia y con elecciones entre la judicatura, ya sería independiente del ejecutivo y el legislativo.

    El elector si tiene control sobre el representante en el sistema que he descrito antes, por lo tanto no existe ningún mito, el elector en España solo refrenda la decisión de un órgano del Estado, en el sistema que describí antes, no solo el Distrito controla a su diputado a través de la oficina del Distrito, es que el control ejecutivo es vigilado por el legislativo (cámara representantes). No puedes comprender esto si se parte de la idea errónea de que en España la gente elige representantes.

    ¿Cómo que no hay cercanía del representante en el mayoritario uninominal? suficiente para que ese representante pueda conocer su distrito, escuchar a representantes de cada gremio o agrupación de ese distrito, los problemas en los barrios, en municipios de ese distrito, etc; eso es la cercanía que no existe en el resto de sistemas y es representación, porque representa los intereses de ese Distrito, no hay nada mejor que eso en países de millones de habitantes.

    Respecto al bipartidismo, no hay problema, en los países con sistema mayoritario que (inevitablemente) acaban produciendo bipartidismo ,en esos partidos se acaban produciendo diferentes corrientes ideológicas; el bipartidismo no es malo per sé, es terrible en partidocracias con sistema proporcional como en España (sin representantes ni separación de poderes) pero es positivo en países con sistema mayoritario (respecto a las partidocracias europeas) como son R.U ,EE.UU o Australia, cada uno de estos países con particularidades en sus sistemas políticos, pero que tienen en común el hecho de que hay representantes y de que no existen los aparatos dictatoriales ,porque los partidos apenas tienen vida interna en el mundo anglosajón, hay diputados encargados de presionar al resto de diputados o de ponerlos de acuerdo, si, pero no hay un aparato que obligue al diputado, el diputado es el único dueño de su escaño, en España y otras partidocracias el diputado solo es un aprieta botón y si muere, renuncia o se marcha por un proceso judicial contra el, su partido lo sustituirá por el siguiente de la lista, lo que demuestra que no era un representante, en realidad fue elegido por su partido y el elector lo único que hizo fue ratificar la decisión del aparato del partido (órgano del Estado, no una asociación de la sociedad civil para entrar temporalmente en este).

    Es muy clara la superioridad del sistema mayoritario por distritos uninominales (acompañado de presidencialismo) respecto a cualquier otro sistema, pero sobre todo respecto a la vergüenza que es el sistema proporcional de listas. Si alguien lo puede rebatir, adelante.

  2. Luis Gutiérrez Arias dijo:

    Sin duda, el mejor es el sistema mayoritario por distritos uninominales (mónadas en la denominación de Antonio García Trevijano) a doble vuelta para elegir al poder legislativo. En la segunda vuelta únicamente se elegiría entre las dos alternativas más votadas en la primera vuelta pare evitar la paradoja de Arrow, que, confirmando la paradoja de Condorcet, viene a decir que cuando se tienen tres o más alternativas para que un cierto número de personas voten por ellas, no es posible diseñar un sistema de votación que permita generalizar las preferencias de los individuos hacia una preferencia global de la comunidad, de modo que al mismo tiempo se cumplan ciertos axiomas:
    https://www.ellibrepensador.com/2011/09/29/paradoja-de-arrow-%C2%BFimposibilidad-de-la-democracia-paradoja-de-condorcet/
    Demostración del teorema de Arrow: http://www.eco.ub.es/~esteller/arrow-dossier.pdf

    Como dice el autor de la respuesta anterior (que parece seguir las teorías expuestas en el tratado “Teoría Pura de la República” de D. Antonio García Trevijano), acompañado de un sistema presidencial para elegir en elecciones separadas al presidente del Gobierno, es decir, al poder ejecutivo. Así se garantiza la separación en origen del poder legislativo y del poder ejecutivo mediante elecciones separadas. El poder judicial es como decía Montesquieu, un poder en cierto modo nulo (entendiéndolo como poder político), pero importantísimo y fundamental como mecanismo de control de los anteriores, luego lo que debe ser, es sobre todo independiente,

    Democracia formal = sistema electoral verdaderamente representativo del elector + separación de poderes en origen (mediante elecciones separadas como se ha expuesto y con mandato imperativo del elegido, esto es, sujeto a revocación por los electores si no cumple sus promesas electorales, sin esperar a nuevas elecciones)

    https://mcrc.es/

  3. Luis Gutiérrez Arias dijo:

    Comparto plenamente la respuesta anterior, nada que rebatir, sólo alguna matización.

    Elecciones Legislativas. Únicamente quiero destacar que a la segunda vuelta sólo deberían pasar los dos candidatos más votados en la primera (de no alcanzar ninguno mayoría absoluta), para evitar así la paradoja de Arrow, y que el ganador por mayoría absoluta de los votos emitidos representa siempre a todos los electores del distrito. Candidato uninominal, sí, pero con un suplente que le acompañaría en la campaña electoral desde el principio (igual que en las elecciones presidenciales irían los candidatos a presidente y vicepresidente), y que le sustituiría en caso de revocación o fallecimiento del candidato elegido, para no tener que celebrar nuevas elecciones antes de que concluyera el mandato de 4 años.

    Elección directa del Presidente de Gobierno (poder Ejecutivo). Siempre, por supuesto en elecciones diferentes y separadas de las legislativas en el tiempo. Efectivamente, así se garantiza la separación de poderes en origen.

    En relación con el poder Judicial, para que sea independiente, es necesaria su elección por parte de todo el mundo jurídico, no sólo la judicatura, sino también fiscales, abogados, procuradores, profesores de facultades de derecho, catedráticos, funcionarios de los palacios de justicia, etc.; y la desaparición del Ministerio de Justicia que es sustituido por un Consejo de Justicia o de la Magistratura como se denomina en Francia, elegido en la forma antes descrita, independiente del Ejecutivo y del Legislativo. Así se evita el riesgo de politización y dependencia, más que evidente cuando el órgano de gobierno de los jueces que decide cuestiones como p.ej: el ascenso en la carrera judicial, es elegido por el Ejecutivo y Legislativo

    Un saludo

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