El gobierno ideal, el de quienes no quieren gobernar

¿Y si el gobierno ideal fuera el gobierno de quienes no quieren gobernar?

Un gobierno así nos aseguraría honestidad, trabajo desinteresado y vocación en servir a la comunidad. Es un error común pensar que los que ahora están son corruptos pero que uno mismo jamás lo sería, que los demás no saben pero que uno mismo sí sabría. Todo eso es fruto del sesgo cognitivo de superioridad a la media según el cual tendemos a creernos más sabios que el resto, mejores personas que el resto, más limpios, menos corruptibles pero… ¿lo somos de verdad?

¿Y si el problema fuera el poder mismo? ¿Y si en realidad fuera el poder el que nos transformase, el que sacase lo peor de nosotros, el que privilegiase comportamientos deshonestos y sin escrúpulos? ¿Entonces qué?

Planteándolo de forma distinta, quienes compiten por el poder son personas que aspiran a gobernar, así que ¿porqué quieren gobernar? ¿Para servir al resto o para servirse a sí mismos? ¿Alguien que quiere poder lo suele querer para hacer el bien? ¿Es una buena cualidad ética querer el poder?

Actualmente designamos el legislativo y muchos otros organismos de poder, como los consejos universitarios por ejemplo, mediante el mecanismo de la elección o sufragio. Pero la elección favorece a dos tipos de personas: A aquellos que son conocidos y a aquellos que justamente quieren el dichoso poder. Los que son conocidos lo son o porque tienen profesiones conocidas, futbolistas, cantantes, actores o porque tienen recursos para serlo, es decir que son ricos o tienen a buenos financieros detrás para pagar sus campañas. ¿Son esas buenas cualidades para la política? Además, como se ha dicho, a las elecciones tienden a presentarse los que ya quieren el poder con el consiguiente sesgo de maldad inherente del que antes hemos hablado. Si encima imponemos unos filtros partitocráticos exagerados como los que tenemos ahora en los que, a parte de ser elegido por la población, lo hemos de ser en el seno de estructuras de partido que se sirven del peloteo y la mediocridad para ascender a la gente el desastre está servido.

Si asumimos que el poder cambia a las personas entonces hemos de hacer algo contra él. Los griegos ya sabían que todo poder ostentado durante el tiempo suficiente deviene inexorablemente en tiranía por lo que este debía ser no solo limitado en el tiempo y en sus funciones sino también estrictamente controlado y distribuido entre cuantos más miembros mejor. No en vano fueron ellos quienes inventaron el término democracia que no significa otra cosa que “el gobierno del pueblo” y que se trata de la forma última de distribución de poder, radical y equitativa en grado máximo.

Esto nos lleva el dilema que también afrontaron los griegos en su búsqueda por el gobierno ideal: ¿Cómo conseguir el gobierno de quienes no quieren gobernar? Incorporaron principalmente tres principios básicos que hoy se nos antojarían extraños.

1. Rotación: Casi todos los mandatos han de ser breves y no renovables. Debe ser así, de otra manera hasta un poder obtenido de forma honesta convertirá con el tiempo a la persona en deshonesta porque cuanto más tiempo se mantiene el poder menos se quiere uno desprender de él. Porque el poder gusta demasiado una vez que se tiene. Como ya digera Shakespeare, sabemos lo que somos pero no en lo que podemos convertirnos.

2. Igualdad política por sorteo: En algún momento del proceso político debe haber selección por sorteo para que regularmente se barajen todas las cartas en igualdad de condiciones y en la que puedan entrar esa gran mayoría de ciudadanos que no aspiran a gobernar pero cuyas capacidades políticas están latentes y pendientes de ser descubiertas. Podrían sortearse los ascensos en los partidos asegurando así su permanente renovación interna (estudios científicos validan que los ascensos al azar son más eficientes que los ascensos a dedo) o sortearse sus asambleas de compromisarios o sus propias listas electorales entre su militancia. Yendo algo más lejos, podría sortearse una cámara ciudadana que tenga poderes de control sobre la cámara electa, esta cámara hipotética podría substituir al inoperante senado actual. Posiblemente, aún no estemos preparados para abandonar del todo a la elección pero nada impide incorporar un funcionamiento mixto que combine lo mejor de ambos mundos. ¿Y el ejecutivo? Bueno, pregúntense quien elegiría mejor a los ministros, si los jefes de filas de los partidos actuales o gente común y corriente que analizase pormenorizadamente a los candidatos, los entrevistase, examinase sus currículums y, previa deliberación y escrutinio público, decidiese cual es el candidato preferible para cada puesto.

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Escena del programa “Tengo una pregunta para usted” con Mariano Rajoy como protagonista.

3. Isegoría: Es el derecho a la palabra, a decir lo que uno piensa libremente, a proponer y a criticar. Esto los atenienses podían hacerlo en una institución a la que llamaban Eklessia, lo que sería una asamblea pública y abierta a la participación de todos los ciudadanos. Naturalmente hoy, por razones prácticas, una asamblea física que reúna a todos los ciudadanos de un país es imposible pero existen mecanismos que permiten emular sus funciones sin necesidad de reunirnos todos en un mismo momento y lugar. Los dos primeros funcionan actualmente en Suiza y el tercero es aún política ficción.

  • 3.1. Iniciativa Popular: La población debe poder proponer sus ideas y propuestas más allá de lo que diga todo parlamento, sea sorteado o elegido, y estas propuestas, si recaban apoyo suficiente entre la población, deben ser llevadas a trámite. Eso es el poder de la inteligencia colectiva y obliga pues a los poderes de las altas instancias a tener en cuenta permanentemente al pueblo porque este sino podría tumbar sus ideas. La iniciativa popular puede ir mucho más allá de las limitaciones del sistema suizo y alcanzar todos los matices con que era usada en la antigua Atenas. Podría usarse para pedir la revocación de cargos impopulares, para pedir sanciones, para abrir comisiones de investigación, para otorgar indultos o medallas al mérito ciudadano, podría servir para adelantar las elecciones. En definitiva, para casi todo lo que podamos imaginar, solo es cuestión de regularlo.
  • 3.2. Referéndum: Este es un mecanismo aprobatorio que debería ser imprescindible en todo lo concerniente a modificar la constitución. También debería permitir aprobar o rechazar iniciativas populares o vetar iniciativas parlamentarias. El recurso al referéndum en toda democracia debe estar convenientemente regulado y servir, a la vez como mecanismo de control contra las decisiones unilaterales del gobierno y a la vez como mecanismo de culminación de muchas de las iniciativas populares.
  • 3.3. Red social democrática: Internet podría posibilitar en poco tiempo no solo votar cualquier proposición de ley sino también colaborar en la elaboración de las iniciativas populares y en su discusión. La red permite crear ese espacio que era la Asamblea pero en un medio virtual que permite la participación simultanea de millones de personas. El horizonte que se abre es enorme pero aún incierto pues hay que salvar muchos obstáculos, la brecha digital, la verificabilidad del voto y el propio diseño de un sistema que permita una participación eficiente y en igualdad de condiciones.

La sola presencia de todos estos mecanismos debería ser suficientemente disuasoria par que la tendencia fuera el virtuosismo y el comportamiento ejemplar. Señor político, olvídese de intentar engañar al pueblo, porque cuando este se diera cuenta, podría caer sobre usted todo el peso de la sociedad.

Y la elección, ¿donde queda la elección? ¿Y si lo que nos han enseñado sobre la democracia fuera falso? La mayor parte de dictaduras se autoconsideran democracias, el mismo franquismo se denominaba a sí mismo como democracia orgánica. ¿Quien nos dice que nuestros gobiernos representativos no han usurpado también esa denominación? Lo cierto es que así es y que tras una pátina de libertades civiles, que buenas son, se esconde un sistema de gobierno que es sencillamente aristocrático y oligárquico. Ha sido pues interesado el vínculo que se ha establecido entre la elección y la democracia, como si fueran conceptos inseparables. Recordemos el significado, democracia es un sistema en el que el pueblo ejerce el poder y que se rige, por tanto, según la voluntad popular. Las elecciones no son más que uno de los muchos mecanismos que pueden usarse para lograr ese fin. Y si tal cosa no se logra no estamos ante una democracia sino ante otra cosa, haya o no haya elecciones libres.

Siempre habrá quien diga que para gobernar hacen falta ciertas capacidades técnicas. Que no todo el mundo está capacitado para ello… ¡Un momento! ¿Vamos a volver a caer en la vieja trampa elitista y oligárquica? Ese fue justamente el mismo argumento que se usó a la hora de construir los modernos estados republicanos para defender el sistema de gobierno representativo. La crítica de la ignorancia es una crítica hecha desde el miedo irracional a que nos gobiernen las masas, es una crítica interesada. Los privilegiados y los poderosos logran así, que seamos nosotros mismos nuestro peor enemigo. Pero con el advenimiento de internet y la difusión de nuevas ideas en dicho medio se está pudiendo romper con las cadenas mentales que nos tenían prisioneros. Ya no nos creemos sus mentiras.

Pensémoslo bien, una cosa son las capacidades técnicas y otra las capacidades políticas. Las cualidades técnicas no son homogéneas sino que son diversas por lo que casi todo el mundo tiene cualidades técnicas en algún aspecto. Imponer filtros empobrecería forzosamente la muestra de quienes pueden gobernar, sería elitista y deficiente. No debe haber mayores filtros que los de la propia capacidad política. Estas cualidades son parte del acerbo de capacidades del ser humano, casi todos tenemos cualidades políticas pues forman parte de nuestras dotes innatas para el comportamiento social. Solo una minoría de personas por incapacidad mental o por ser excepcionalmente violentas y autoritarias carecen de las cualidades necesarias para hacer política.

La supuesta necesidad de una gestión técnica es la trampa bajo la que se esconde el autoritarismo y la 0ligarquía. ¿Acaso no se justifican todas las nefastas políticas actuales porque son fruto de consejos y recomendaciones de grandes premios nobel o de sesudos doctores en económicas de reconocido prestigio?

Ya lo dijo Cleón de Atenas, “Son mejores para la ciudad los ignorantes que quienes se tienen por excelsos. Como no se encuentran carcomidos por la obsesión de distinguirse, no quieren parecer más listos que las leyes y quedar por encima de las propuestas de la colectividad“. Y es que creerse por encima de los demás puede traer funestas consecuencias tal y como se ha visto repetidamente a lo largo de la historia.

Lo más curioso de todo esto es que los modernos estudios científicos en inteligencia colectiva parecen avalar estos principios. Según estos resultados, la presencia de miembros previamente no-informados sobre la cuestión a debate ayudarían al grupo a lograr consensos más democráticos.

En resumen, tenemos cuatro mecanismos adicionales a la elección que podrían usarse ya: Sorteo (designación aleatoria), Rotación (mandatos breves y no renovables), Iniciativa Popular (proposiciones de leyes y medidas) y Referéndum (aprobación o rechazo de las iniciativas y capacidad de veto popular).

Y con eso logramos el GOBIERNO DE TODOS es decir de QUIENES NO QUIEREN GOBERNAR.

Y evitamos la corrupción intrínseca, el sesgo de maldad inherente, el enquistamiento, la mediocridad en la política basada en amiguismos, los privilegios autoconcedidos y lo más importante, una priorización de las políticas en pro del bien común.

El modelo D100% que presentamos en esta web, es un modelo posible, probablemente no el único, ni tampoco el mejor, pero creemos que sirve de ejemplo y que trata de abordar estos problemas y afrontarlos de forma directa mediante una propuesta posibilista y viable en el marco político actual. No es la panacea, no es perfecto, pero sí implicaría una evolución del sistema hacia una democracia más auténtica. ¿Nos atrevemos?

EvoluciónSistema

Esquema básico de la transición al modelo D100%

Actualmente tenemos un sistema que potencia la mediocridad, que por su propia lógica favorece a los deshonestos, al amiguismo y a la corrupción. Ante esta crisis de sistema los gobiernos tratan de mantener el régimen simplemente dejando pasar el tiempo y proponiendo solo leves reformas esperando que mientras tanto la crisis escampe y que la crítica a su gestión y a todo el sistema representativo amaine. Pero parece que eso no ocurrirá y que tendremos una oportunidad histórica que podremos usar para transformar el sistema por la vía de la radicalidad democrática o cayendo de nuevo en el error del autoritarismo tecnocrático. ¿Qué eliges tú?

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Acerca de Víctor García

Licenciado en física, máster en física computacional y posgraduado en técnicas cuantitativas para los mercados financieros. Ha trabajado como personal docente investigador en la UPC y como técnico de banca en una gestora de fondos de inversión. Actualmente interesado en encontrar nuevas formas de gobernanza colectiva que permitan el ejercicio de una soberanía popular real así como por potenciar el desarrollo de una nueva modelización económica basada en agentes como solución a los problemas de previsión económica y asignación de recursos.
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7 respuestas a El gobierno ideal, el de quienes no quieren gobernar

  1. Rosa Mª dijo:

    UN NUEVO SISTEMA DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA PERFECTO, VICTOR.
    Para que funcionara algo así, tendría que haber algunos cambios en los ciudadanos.
    1º.- Si no tenemos criterios para valorar ciertos problemas, cómo vamos a votar acertadamente. Hemos perdido la capacidad de supervivencia que nos sacó adelante en la época de los dinosaurios. Nos dejamos pisotear, no callarnos ante una injusticia, que hasta nos dejamos robar en el recibo de la luz o del teléfono por no protestar.
    2º.- En ese sistema, los poderes dominantes se encargarían de desinformar para manipularnos, al igual que lo están haciendo ahora.
    3º.- Y decían las Sagradas Escrituras…el que no haya pecado que tire la primera piedra. Si sales del Supermercado, y al llegar a cargar al coche, te das cuenta que se han equivocado en las vueltas, y te dieron un euro más, ¿vuelves a devolverlo?
    Así somos, y esto es lo que hemos sembrado y ahora recogemos. La sociedad que tenemos es reflejo de cómo somos los ciudadanos, y tendríamos que cambiar primero tod@s, y cada uno, para provocar un cambio.
    Hay que partirse la cara y salir del pelotón para cambiar, y sufrir que te señalen y manipulen la verdad, que lo están haciendo los últimos 200 años, y tendríamos que ser o de acero, o comprender, que en éste mundo globalizado, el Cambio solo puede venir, cuando nos pongamos en Pié, todos Juntos a Uno.
    Saludos, y si te apetece, nos veremos en ESCUELA DE VALOR, para dar otro repasillo a lo que podemos hacer cada uno, por un mundo mejor.
    ¡A TU SALUD!, y a la de tod@s

    http://escueladevaloreltorreon.blogspot.com
    http://www.lanzanos.com/proyectos/escuela-de-valor/

  2. A1 dijo:

    Jajaja ” nadie que tenga vocacion politica nos conviene como politico”, estoyde acuerdo, jajaja, la vocscion politics consiste en querer mentir y manipular por deporte, mejor que tengan vocacion administrativa p vocacion de ayudar a la gente o casi cualquier otra vocacion

  3. Pingback: ¿Un problema de líderes? | Sistema en Crisis

  4. csantosbu dijo:

    Por simple curiosidad, estas al corriente de los trabajos e ideas de Etienne Chouard ? Encuentro coincidencias entre vuestros puntos de vista, y me preguntaba si has tenido algún contacto con sus propuestas.

  5. eichpil dijo:

    Mmmm… ¿Y la motivación, las condiciones éticas, de sensibilidad, de concepción de proyecto, de don de gentes, de capacidad de liderazgo, etc. necesarios para llevar adelante cualquier proyecto político donde quedan? Por otra parte, lo que vale para animales, por ejemplo, y en condiciones experimentales, puede perfectamente no valer para humanos. El método de sorteo en Atenas no duró demasiado, pese al poder que habían adquirido tras la victoria en las guerras médicas.

  6. ediec dijo:

    Loable artículo-ensayo, meritorio sin duda, pero… en ningún sitio he leído algo que haga referencia al quid de la cuestión y que no es otro que: “la condición humana”. Ésta, que es implícitamente “jodida” -que diría el tristemente desaparecido Facundo Cabral- echará SIEMPRE por los suelos cualquier forma de gobierno social. Así de triste… y real. Es lo que hay. Subsistamos -sólo algunos, por desgracia-, que no es poco.

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